Nadie te felicita por dejar de comer animales

Docilidad

Lo más probable es que seas un bully.

Y ahora te vendrán ideas de << ¡Cómo puedes decir esto, Jordi! No me conoces, soy una persona que vela por el bien de los demás, que procura por el vecino, que trata bien a su compañero de oficina, que cuida a su madre, que acaricia a su abuelo o que juega con su perro.>>

No dudo de que todo esto sea así.

No estoy diciendo que seas una mala persona. Estoy diciendo que probablemente seas un bully y que probablemente puedas ser mejor persona.

Vamos por partes como dijo Jack, el Destripador.

Los bullys no son bullys con cualquier persona, lo son solamente con un cierto tipo de persona.

Las víctimas de los bullys tienen ciertas características que las hacen propicias para poder ser abusadas, acosadas, maltratadas y anegadas.

En mi audiencia habrá pocos bullys de los que estoy haciendo referencia ahora. Pero, seguramente, conoces a muchos.

Y como sé que tú eres un bully, quizás no, quizás me equivoco, pero probablemente, por cómo está el mundo, por los datos oficiales que existen y por simple observación, puedo prever que eres un bully o una bully.

Pero quizás ahora mismo ya estás sabiendo por dónde voy, más si me has visto en anteriores episodios o has leído textos propios pasados.

Intento contar el otro lado de las cosas, que están mezcladas con mi percepción del mundo, mi análisis y mi amplia imperfección.

Digo que eres un/a bully porque probablemente estés vistiendo piel o estés basando tu vida en una dieta que no solamente se basa en plantas.

¿Cuáles son los animales que los humanos comemos con asiduidad, los llamados animales de granja? Vacas, cerdos, gallinas, conejos, pavos, cabras, ovejas, a veces caballos, a veces toros, a veces de todo.

¿Por qué son estos animales?

¿Por qué son estos animales los más comidos, o mejor dicho, los más explotados?

POR SU DOCILIDAD

Porque son los más dóciles, son los menos proclives a defenderse con agresividad física.

Puedes transportarlos descapotados en pleno invierno, desde Polonia hasta España, y cuando lleguen a las puertas del edificio del terror, allí donde los cuchillos son menos protagonistas que la sangre derramada a litros, son capaces de darte un lametón cariñoso.

Y ahora no importa que me digas que es lógico. No vasta con que me digas que hemos procurado minimizar los riesgos de ser lastimados con tal de conseguir proteína de la manera más barata posible. No vale defenderse con este argumento en el año 2024. Moralmente no cuaja que defiendas el maltrato a la docilidad por obtener proteína.

La verdad es que ya no hay necesidad. Una vida de proteína vegetal está más que argumentada y más que asegurada con los vatos recursos que hemos desarrollado como especie.

Cualquiera excusa que puedas atrevirte no es excusa.

Lo que pasó, pasado está. Ya no es necesario continuar por esta recta pavimentada con sangre y despotismo. Lo que fue nos ha servido para llegar donde estoy yo ahora y donde estás tu en este mismo momento.

El marco moral que intentamos desarrollar como sociedad no puede abrir las puertas a más sinsensateces.

Las elecciones sociales se hacen bajo motivos económicos regidos normalmente por la necesidad.

¿Tenemos que alargalo en el tiempo teniendo alternativa?

Hay sufrimiento necesario e innecesario. El que les hacemos vivir a estos seres animales es innecesario. Solo por un poco de placer en el paladar y sentirnos socialmente aceptados, somos capaces de continuar como siempre individualmente.

Pues, lo que hemos hecho durante miles de años es, a través de cruzamientos genéticos, llegar a tener animales dóciles, animales fáciles de ser acosados. Los hemos hecho de tal manera que nos permita ser mejores bullies, que nos permita ser mejores acosadores, y en la tarea en cuestión, más eficaces.

Gracias a nuestro antiguo hábito de mezclar, a través del tiempo, animales para tener unos animales más adecuados a nuestras necesidades e intereses, ahora podemos ser unos bullies más óptimos.

El ingenio humano ha pavimentado el camino para devenir bullies óptimos. Pero, puedes cambiarlo. Puedes cambiarte.

¿Qué comparten los alumnos de clase que son víctimas de bullying y los animales que son víctimas de nuestro estilo de vida? Pues que son dóciles, que no se rebotan, que no contraatacan, que simplemente están y que, incluso siendo acosados, aún se asomarían y te acercarían su mano con una caricia.

¿No te parece aberrante? ¿No te parece paradójico? ¿No te parece una desidia moral?

¿No te parece una decadencia moral paulatina?

Vamos avanzando tecnológicamente, ya que es solamente la tecnología lo que cambia realmente. La nueva tecnología hace que la economía cambie y como la economía cambia, los humanos cambiamos. Pero no cambiamos por decisión ética, no cambiamos para mejorar como personas, cambiamos para ahorrar calorías, cambiamos por conveniencia, ya sea porque nos ahorramos un dinero o ya sea porque aumentamos en estatus social. Muchos cambiamos porque así somos más respetados.

Pero no cambiamos por moral, porque muchas veces cambiar por moral no nos da ningún beneficio, sino más bien todo lo contrario, comúnmente nos da un bofetón, una desventaja.

Por eso son muy pocos los que cambian el status quo, los que cambian el contexto social, los pocos que deciden por moral, y no por beneficio directo, que hay que cambiar las cosas y son ellos los que se sacrifican para que luego unos muchos se sumen al cambio, y que de alguna forma, cambiando las reglas del juego, cambiando los costes, cambiando la economía y la percepción de Estatus Social, las personas cambien haciendo de la sociedad, un lugar más próspero moralmente hablando.

Igualmente, este conocimiento, esta verdad, no te priva de que veas la verdad, de que veas la desidia moral y que, aunque no haya beneficio directo, cambies por el bien de tu persona, por el bien de los animales, por hacerte una mejor persona de ti o porque simplemente es lo justo.

¿Quién quiere ser un bully?

Incluso muchas veces los bullys no se consideran bullys.

Dejar de ser un bully sin recibir un beneficio social directo es más costoso. Por eso la mayoría no deja de comer animales, porque no tienen un incentivo directo. Es demasiado barato comer animales y demasiado poco beneficioso dejar de comerlos.

Es más difícil dejar de ser un bully sin que nadie se entere, sin poder sentir cómo el entorno se entera de tu cambio de la misma manera que tu entorno cambia cuando te compras un coche nuevo o has vuelto de viaje y te preguntan cómo ha ido o has dejado de fumar y te felicitan.

Nadie te felicita por dejar de comer animales.

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